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| El rebozo Dra. Georgina Ortiz Hernández El rebozo, típica vestimenta tradicional mexicana es una tela larga y angosta con anudados y flecos en cada extremo llamados rapacejos. No existe un acuerdo en el origen de esta prenda ya que, por un lado se dice que es origen oriental, de Persia y la India, traída por los españoles, ya que los dervihes o sacerdotes de la Persia antigua acostumbraban cubrirse con una especie de manta o “xal” que posteriormente se convirtió en chal, y que se integró al atuendo de los europeo. Aunque también se encuentra la versión de que existió una prenda que fue introducida por los árabes a España y que en México se le conoció como rebociño. Sin embargo Logan et al (1997) dicen que el origen es un derivado de los ayates que pueden apreciarse en el Código Telleriano-Rememsis, y en el Códice Mendocina en donde, en el primero tres sacerdotes seguido por una mujer llevan en la espalda unos fardo envueltos en lienzos, en tanto que en el segundo una amateca lleva a cuestas a una novia, ambas llevan un lienzo, a una le sirve para cargar, mientras que a otra lo lleva de ornato. Sin embargo, la realidad es que el rebozo tal y como se conoce en la actualidad es una prenda criolla derivada del chal o rebociño, y posiblemente del ayate, que pronto se convirtió en rebozo, derivado de la palabra “arrebozarse” o cubrirse el rostro con una capa o manto, y es un lienzo rectangular con el que se cubre el cuerpo y la cabeza. El rebozo ha sido utilizado en los últimos cinco siglos por casi todas las mujeres mexicanas, fueran indígenas, mestizas, criollas, de la alta alcurnia, o de la aristocracia,( como ejemplo está la emperatriz Carlota). ![]() Rebozos Actualmente en las comunidades indígenas las mujeres tienen dos rebozos el de uso diario y el de las fiestas o celebraciones, el cual es obviamente mucho más caro y rebuscado que el que se pone cotidianamente. Un ejemplo lo tenemos en los rebozos bordados de Hueyapan. Basándose en la técnica tradicional, los rebozos son hechos por dos o más personas. Una persona, la tejedora, se dedica a tejer el lienzo, mientras otra, la empuntadora, le da el acabado final que consiste en anudar y entrelazar los flecos que quedaron en los dos lados angostos del rebozo, y diseñar con ellos figuras que a veces incluyen palabras con algún tierno pensamiento. La elaboración de un solo rebozo puede tomar hasta cuatro meses, dependiendo de la complejidad.
Los rebozos clásicos se elaboran con algodón, seda o artisela. Su decoración consiste en un jaspeado por medio del ikat o jaspe, antigua técnica que emplea un tinte de reserva. Antes de sumergir en el colorante el hilo que se va a usar, se amarra por tramos para que estas partes del material no se impregnen del tinte y conserven el color original de la fibra. Al momento de tejer, el material que quedó entintado de forma irregular, le da al lienzo el efecto veteado o jaspeado del diseño.
![]() Rebozos También se han encontrado rebozos hechos con nacar, oro e hilos de plata, pero para darle mayor vista y lujo algunos rebozos se bordan con flores o con escenas costumbristas, y en algunas ocasiones también se pintan. Por lo que respecta a los colores, los rebozos antiguos son azul índigo, amarillos, verdes, rojos cochinilla, rosas, pardos, negros, beige y café, naranja y morado. Los teñidores han utilizado desde la antigüedad plantas, frutas, cortezas, raíces, hojas, diferentes tipos de madera, el índigo que posee la característica de dar desde un color claro hasta un azul que da la apariencia de negro. Para teñir de índigo, la planta índigo, se fermenta en una solución alcalina, en la cual introducen los hilos se sacan y se vuelven a secar y así sucesivamente hasta obtener el color deseado. Para obtener el rojo oxido y el rojo amoratado se utilizaban el palo de Brasil y el palo de Campeche, en tanto que para obtener anaranjados se usaban las semillas de amaranto, mientras que los amarillos eran producto de la barba del maíz, o pelos de elote, la planta parasita zacapalli y otras fuentes vegetales. Para obtener el verde, muchas veces el hilo pintado se amarillo se teñia de nuevo con el azul. El uso de este tipo de tintes es que se requiere destreza, paciencia y trabajo muy duro, y fue a mediados del siglo XIX que se inició el uso de los colores sintéticos. En la época actual, si se desea tener un rebozos con tintes naturales se debe pensar en su alto costo., pero si se decide a comprarlo sepa que va a tener una prenda que va a durar toda la vida y que le va a servir como complemente de un traje de novia, o le puede ayudar a la mujer en los dolores de parto para acomodarles al bebe en la técnica de "la manteada", con la que ayudan a preparar el alumbramiento, para después pasar a la sobada, un masaje que las comadrona dan en las caderas y en el abdomen con el rebozo. Se puede utilizar como faja para proteger a las parturientas de los malos aires y de calambres del vientre que deja el parto en la mujer. Aunque también ha sido utilizado como cuna y también como sudario, pero sin lugar a duda uno de los usos más importantes que se le ha dado al rebozo es el de transportar a los hijos pequeños sin lastimar su cabeza y columna vertebral o para llevar en él otras cargas, además de cubrirse de los cambios climáticos. Referencias Logan et al (1997) Rebozos de la colección Robert Everts. México Museo Franz Mayer. Artes de México.
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