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  Máscaras mexicanas
Dra. Georgina Ortiz H.

El  tratar de analizar al color en todas las expresiones artísticas de México se convierte en una tarea sin fin, ya que  esas representaciones no son objetos muertos  sino que adquieren  vida a través de  cada  uno de los que las observan, estudian o simplemente la disfrutan, por lo tanto se vuelven expresiones vivas e infinitas.
A veces,  se quisiera aferrar  cada objeto artístico  en un momento específico, en un recuerdo imperecedero, en un ancla que nos ubique en nuestra propia cultura, sin dejar por ello que una máquina del tiempo  nos lleve al pasado y al futuro de manera fácil e indistinta, y es por ello que las atrapamos en un museo, en una colección privada o tal vez simple y sencillamente en una serie de fotografías, y siguiendo esta idea queremos, en el mes de agosto,  atrapar a las máscaras, piezas mexicanas que son  una representación más de nuestra riqueza artística; máscaras que simbolizan parte de las innumerables tradiciones populares, de personajes históricos, de recuerdos personales.
Piezas artísticas que tratan de comunicarse con todo aquel que quiera escucharlas a través de la armonía, contraste, forma, color, textura, de ellas mismas,  hacernos participes de sus símbolos, tradiciones, su sentido de existir.

Las mascaras que crean otra identidad, disfraza u oculta, también ha servido como  una representación, y han sido usadas por los hombres desde el paleolítico, uniendo a dos protagonistas, el que la usa que envía un mensaje y el espectador que interpreta, generando diversas reacciones de acuerdo con cada cultura.

Vasija de talavera
Máscara de jade

Así las máscaras se unen a la magia y  se pueden volver sobrenaturales, familiares, espirituales, malignas,  protectoras, lo que  genera  respuestas de  temor, gozo, placer o terror, y  pueden estar predeterminadas de acuerdo a  la forma de ella, a su atuendo complementario, a la presencia en fiestas o rituales, generando  patrones de conducta que son aprendidos y/o inherentes a cada cultura, por lo tanto unen  lo sagrado y lo profano, el carnaval y el ritual, la celebración y el duelo, la teatralidad y el mito, están presentes en la diversidad de las máscaras.
Las s mascaras mexicanas no pueden desligarse de lo prehispánico,  ni de las fiestas tradicionales, recuerdo permanente de la conquista española, ni tampoco de la importancia  de su  uso actual (en diferentes tipos de luchas como la libre y la zapatista) y del valor que tiene para diversas economías familiares, es decir de la comercialización que de ellas se hacen.

Todo esto hace que existan  innumerables variedades en sus diseños, las que  generalmente están elaboradas con materiales naturales disponibles en el entorno y por eso se han realizado máscaras de madera, fibras naturales vegetales, hueso, obsidiana, metales y piedras diversas, pieles, plumas, conchas, cartón, tela, estambre etc. Pero como ya se dijo las mascaras tuvieron diferentes funciones, en diferentes épocas, e iniciaremos con la que se considera más rica, la prehispánica. Las máscaras prehispánicas tenían  diversas funciones, las  funerarias y las rituales, Como muestra de su uso funerario se tiene las bellísimas máscaras mayas

Las cuales nos indican la preponderancia de la nobleza, sus rituales no sólo llevaban hasta en cuatrocientos días, sino que la construcción de las tumbas se disponía con mucha antelación, ejemplo de eso son la tumbas de Pakal  y la de Yukón.

En la primera el ajuar estuvo formado por diversas prendas textiles y una gran variedad de ornamentos, “junto a sus pies se colocó una pequeña estatua del Dios del Árbol, labrada en jadeita. Este material simbolizaba el agua, el verdor de la naturaleza y en general la fertilidad ... El cuerpo fue cubierto con cinabrio de intenso color rojo que representaba el liquido vital por excelencia: la sangre. El cinabrio y la jadeita abundaran dentro de las tumbas  mayas  pues existía la creencia que transferían sus cualidades regenerativas al gobernante fallecido, quien protagonizaba una especie de resurrección”. Otra tumba importante es la de la Reina Roja de Palenque , en donde se encontraron dos máscaras, la primera  fue elaboradas con malaquita, mineral de color verde  y dos placas de obsidiana redondas que se utilizaron a manera de pupilas , cuatro placas de jadeitas que simulaban el iris.  La segunda está formada por 106 placas de jadeitas dos placas de obsidiana redonda que forman la pupila y cuatro placas de concha que forman el iris.

Casa de los muñecos
Máscara de chinelo

Este culto a la muerte  de las culturas prehispánicas, que sobrevivió a la Conquista y se incorporó como uno de los elementos centrales de la cultura popular de México, en diferentes ceremonias funerarias. Ello explica la fuerte presencia de calaveras y alusiones a la muerte de las máscaras mexicanas, que en México simboliza al mismo tiempo un hecho trágico y festivo, tal y como lo señaló Octavio Paz: “Muerte y vida, júbilo y lamento, canto y aullido, se alían en la celebración de los muertos, y así a través de las máscaras, los chamanes hacen contacto con el espíritu y con otros mundos, convirtiéndolas en elementos capaces de canalizar las fuerzas espirituales. Con la llegada de los europeos y la conquista los indígenas incorporaron a sus máscaras los nuevos dogmas religiosos del cristianismo, para garantizar de algún modo la continuación de sus propias creencias, y por otro el de poder conservar anonimato en actos críticos a los conquistadores,  y de esta forma generar un cambio temporal de identidad.

Entre las  fiestas tradicionales en donde las máscaras son imprescindibles, están entre otras  la Danza de  Tlacololeros  en la cual participa la imagen del jaguar, un personaje de enorme importancia en el mundo prehispánico, representado por un danzante fuerte que lleva una máscara hecha de madera y un traje de cuello a pies, decorado del color y adornado con las pintas de la piel del animal. Otro personaje en esta fiesta es la del rastrero o rastreador, un cazador encargado de atrapar al jaguar y someterlo, ayudado por la perra maravilla, que como su nombre lo indica, es la perra que olfatea las huellas del jaguar perseguido.
Semejante a esta ceremonia existe la del pueblo de Zitlala en el municipio de Chilapa, en la cual en algunas tardes de agosto puede verse por la calles del poblado a bandas de tigres correteando a los jóvenes, quienes corren desaforadamente, huyendo de ellos.

Como recuerdo de los esclavos negros importados por los españoles y  la tradición prehispánica está la danza de Los Negritos,  en donde se piensa que existe la representación de Texcatlipoca, el dios de la sombra y de la noche quien aparece pintado de negro y rojo, pero con el paso del tiempo se transforma en diablos que durante la fiesta, los negritos hacen bromas sexuales y ayudan a mantener el orden de la multitud durante el baile.

Retomando la figura del diablo, esta fue introducida en el siglo XVI por los evangelizadores españoles para representar al mal, sin embargo en la actualidad  la figura del diablo es más vista como un payaso que como figura realmente diabólica y generalmente se interpreta como un personaje que hace bromas y aligera el ambiente con actitudes irreverentes  Y es así que podemos deducir que no puede haber una fiesta patronal o nacional en donde no intervengan las mascaras, caracterizada  porque en cada región tienen un significado diferente,.

Con relación al color se ha encontrado que está relacionado con el resto del atuendo, ya que si uno analiza las primeras máscaras se  comprobara que  originalmente no se pintaban las máscaras, ejemplo de ellas son las máscaras de los huicholes, ,

Sin embargo con el paso del tiempo se ha  optado por añadir colores a los patrones tradicionales que usan para pintarse la cara, y así encontramos mascaras coras con colores brillantes y altamente decorativos, y muchas de ellas se elaboran con papel maché que hace que el color luzca más, aunque todavía se siguen utilizando diversos materiales, ejemplo de ello son las máscaras de los chinelos que  está hecha con una tela de alambre, a la que se le da forma colocándola sobre el molde de un rostro con rasgos europeos, se pinta de tono rosa y se complementa con una barba puntiaguda, hecha de ixtle. Lleva además cejas pobladas, blancas para los viejos y negras para los más jóvenes. También se encuentran más cara comerciales como son las de cerámica que se elaboran en  que se elaboran en Chimalhuacán, Estado de México.

En la actualidad las máscaras son utilizadas principalmente por los luchadores y por la policía, ambas con el objetivo de que se no conozca la identidad del que lo porta, el primero crea su propia personalidad con ella, el segundo protege su vida. Y es así que la industria de las máscaras crece a grado tal que, aquellas  que portan los luchadores se vuelven piezas originales que se reproducen comercialmente de acuerdo con la fama del luchador que cambió su rostro por una máscara, generando así una fuente más de trabajo.  

 

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